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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica (2do. Trimestre 2008)"

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II Trimestre de 2008 
Jesús es maravilloso 

Notas de Elena G. de White 



Su regreso como Rey y Amigo 



Sábado 21 de junio 

Vendrá la hora, y no está muy lejana, cuando algunos de nosotros que ahora creemos, 
estaremos vivos sobre la tierra y veremos el cumplimiento de la predicción, y oiremos la 
voz del arcángel y la trompeta de Dios que resuena desde la montaña, la llanura y el 
mar, hasta las partes más distantes de la tierra. Toda la creación oirá su voz, y aquellos 
que vivieron y murieron en Jesús responderán al llamado del Príncipe de la vida. Su 
voz se escuchará en las prisiones, en las cavernas, en las profundidades de las monta- 
ñas, y todos la obedecerán. Es la misma voz que dijo: "Venid a mí todos los que estáis 
trabajados y cargados, y yo os haré descansar"; la misma voz que declaró: "Tus peca- 
dos te son perdonados". Y aquellos que respondieron a esa voz cuando dijo: "Si alguno 
quiere venir en pos de mí, niegúese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame", escucharán 
la invitación: "Bien, buen siervo y fiel... entra en el gozo de tu Señor". Esa invitación 
significará para ellos paz, descanso y vida eterna... 

Bien pueden los hijos de Dios llenarse de esperanza y ánimo, de gozo y alegría, al con- 
templar las cosas que Dios ha preparado para aquellos que le aman {Review and 
Herald, 3^ de julio, 1888). 

Así como los rayos del sol penetran hasta los más remotos rincones del globo, es el 
plan de Dios que la luz del evangelio se extienda a toda alma sobre la tierra... En este 
tiempo en que el enemigo obra como nunca antes para acaparar la mente de hombres 
y mujeres, debiéramos trabajar con incesante actividad. Hemos de proclamar diligente 
y desinteresadamente el último mensaje de misericordia en las ciudades, en los cami- 
nos y atajos. Se ha de llegar a todas las clases. IVIientras trabajemos nos encontrare- 
mos con gente de diferente nacionalidad. Nadie ha de quedar sin ser amonestado. El 
Señor Jesús fue el don de Dios para todo el mundo, no sólo para las clases más eleva- 
das, ni para una nacionalidad con exclusión de otras. Su gracia salvadora rodea el 
mundo. Todo el que quiera puede beber del agua de vida. Un mundo aguarda para oír 
el mensaje de la verdad presente {En lugares celestiales, p. 340). 



Domingo 22 de junio 

La espera en el atrio exterior 

Cuando termine el mensaje del tercer ángel la misericordia divina no intercederá más 
por los habitantes culpables de la tierra. El pueblo de Dios habrá cumplido su obra; 



habrá recibido "la lluvia tardía", el "refrigerio de la presencia del Señor", y estará prepa- 
rado para la hora de prueba que le espera. Los ángeles se apuran, van y vienen de acá 
para allá en el cielo. Un ángel que regresa de la tierra anuncia que su obra está termi- 
nada; el mundo ha sido sometido a la prueba final, y todos los que han resultado fieles 
a los preceptos divinos han recibido "el sello del Dios vivo". Entonces Jesús dejará de 
interceder en el santuario celestial. Levantará sus manos y con gran voz dirá "Hecho 
es", y todas las huestes de los ángeles depositarán sus coronas mientras él anuncia en 
tono solemne: "¡el que es injusto, sea injusto aún; y el que es sucio, sea sucio aún; y el 
que es justo, sea justo aún; y el que es santo, sea aún santo!" (Apocalipsis 22:11, V. 
IVI.). Cada caso ha sido fallado para vida o para muerte. Cristo ha hecho propiciación 
por su pueblo y borrado sus pecados. El número de sus subditos está completo; "el re- 
ino, y el señorío y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo" van a ser dados a 
los herederos de la salvación y Jesús va a reinar como Rey y Señor de señores (El 
conflicto de los siglos, p. 671). 

Nuestro gran Sumo Sacerdote completó la ofrenda de sacrificio de sí mismo cuando su- 
frió fuera de la puerta. Entonces efectuó una perfecta expiación por los pecados del 
pueblo. Jesús es nuestro Abogado, nuestro Sumo Sacerdote, nuestro Intercesor. Por lo 
tanto, nuestra posición actual es como la de los israelitas, que estaban en el atrio ex- 
terno, esperando esa bendita esperanza, el glorioso aparecimiento de nuestro Señor y 
Salvador Jesucristo... 

Cuando el sumo sacerdote entraba en el lugar santo, que representa el lugar donde 
nuestro Sumo Sacerdote está ahora intercediendo, y ofrecía sacrificios en el altar, afue- 
ra no se ofrecían sacrificios propiciatorios. IVIientras el sumo sacerdote estaba interce- 
diendo adentro, cada corazón había de inclinarse contrito delante de Dios, rogando el 
perdón de las transgresiones. A la muerte de Cristo, el símbolo se encontró con la rea- 
lidad, el Cordero muerto por los pecados del mundo. El gran Sumo Sacerdote ha efec- 
tuado el único sacrificio que será de valor alguno (A fin de conocerle, p. 75). 



Lunes 23 de junio 
Atendiendo el factor de temor 

Las riquezas, el poder, la elocuencia, el orgullo, la razón pervertida y la pasión son los 
agentes satánicos que hacen atractivo el camino ancho y lo circundan de flores tenta- 
doras. Pero llegará el tiempo cuando cada palabra hablada contra el Redentor del 
mundo se volverá contra ellos y será, a sus almas culpables, como fuego que derrite el 
plomo. Se llenarán de terror y vergüenza al contemplar a Aquel que viene en las nubes 
del cielo con poder y grande gloria. Los que en abierto desafíos se levantaban contra el 
Hijo de Dios, verán lo negro de su carácter y la mancha de su pecado. La visión de la 
inconmensurable gloria de Cristo será intensamente dolorosa para ellos y solo desper- 
tará remordimiento, vergüenza y terror. Clamarán con angustia a los montes y a las pe- 
ñas, diciendo: "Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sen- 
tado sobre el trono, y de la ira del Cordero; porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y 
quién podrá sostenerse en pie?" (Confrontation, p. 87). 

Reyes, nobles y poderosos; ricos y pobres, todos claman con angustia. Aquellos que en 
los días de prosperidad despreciaban a Cristo y a sus humildes seguidores, que des- 



preciaban su odiada cruz, que se sentían demasiado orgullosos para postrarse ante 
Jesucristo ahora se postran en tierra a los pies de los santos. Su grandeza los ha 
abandonado y se dan cuenta con amargura que están comiendo el fruto de sus propias 
decisiones y recibiendo el resultado de sus ingeniosos engaños. Siguiendo las ideas de 
su propia sabiduría rechazaron la recompensa eterna, las glorias celestiales, para 
aceptar las ganancias terrenas. El brillo y el oropel del mundo los fascinó y creyéndose 
sabios se hicieron fatuos, pensando que su prosperidad mundana podría recomendar- 
los ante Dios para asegurarse el cielo. El dinero los hacía creer que eran poderosos y 
sabios, cuando a los ojos de Dios y de los ángeles eran necios e ignorantes. Su pros- 
peridad provocó su destrucción. Ahora con terror y angustia le piden a los montes y a 
las peñas: "Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado 
sobre el trono, y de la ira del cordero; porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién 
podrá sostenerse en pie?" Huyen a las cavernas para cubrirse pero éstas no podrán 
protegerlos (Review and Herald, 27 de abril, 1886). 



Martes 24 de junio 
Por otro lado... 

Los que le escarnecieron e hirieron estarán allí. Los sacerdotes y príncipes contem- 
plarán de nuevo la escena del pretorio. Cada circunstancia se les presentará como es- 
crita en legras de fuego. Entonces los que pidieron: "Su sangre sea sobre nosotros, y 
sobre nuestros hijos", recibirán la respuesta a su oración. Entonces el mundo entero 
conocerá y entenderá. Los pobres, débiles y finitos seres humanos comprenderán con- 
tra quién y contra qué estuvieron guerreando. Con terrible agonía y horror, clamarán a 
las montañas y a las rocas: "Caed sobre nosotros, y escondednos de la cara de Aquel 
que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero: porque el gran día de su ira es 
venido; ¿y quién podrá estar firme?" (El Deseado de todas las gentes, p. 689). 

Cristo viene con poder y grande gloria. Viene con su propia gloria y con la gloria del 
Padre. Viene con todos los santos ángeles. IVIientras todo el mundo esté sumido en ti- 
nieblas, habrá luz en toda morada de los santos. Ellos percibirán la primera luz de su 
segunda venida. La luz no empañada brillará del esplendor de Cristo el Redentor, y él 
será admirado por todos los que le han servido. IVIientras los impíos huyan de su pre- 
sencia, los seguidores de Cristo se regocijarán. El patriarca Job, mirando hacia adelan- 
te, al tiempo del segundo advenimiento de Cristo, dijo: "Al cual veré por mí mismo, y 
mis ojos lo verán, y no otro" (Job 19:27). 



nacido la gloria del Señor. En ellos se ha reflejado la luz del conocimiento de la gloria 
de Dios en la faz de Jesucristo. Ahora se regocijan en los rayos no empañados de la re- 
fulgencia y gloria del Rey en su majestad. Están preparados para la comunión del cielo, 
pues tienen el cielo en sus corazones (Reflejemos a Jesús, p. 204). 

La venida del Señor ha sido en todo tiempo la esperanza de sus verdaderos discípu- 
los. La promesa que hizo el Salvador al despedirse en el IVIonte de los Olivos, de que 
volvería, iluminó el porvenir para sus discípulos al llenar sus corazones de una alegría y 
una esperanza que las penas no podían apagar ni las pruebas disminuir. Entre los su- 



frimientos y las persecuciones, "el aparecimiento en gloria del gran Dios y Salvador 
nuestro, Jesucristo" era la "esperanza bienaventurada". Cuando los cristianos de Te- 
salónica, agobiados por el dolor, enterraban a sus amados que habían esperado vivir 
hasta ser testigos de la venida del Señor, Pablo, su maestro, les recordaba la resurrec- 
ción, que había de verificarse cuando viniese el Señor. Entonces los que hubiesen 
muerto en Cristo resucitarían, y juntamente con los vivos serían arrebatados para reci- 
bir a Cristo en el aire. "Y así -dijo- estaremos siempre con el Señor. Consolaos pues los 
unos a los otros con estas palabras" (1 Tesalonicenses 4:16-18, V.IVI.) (El conflicto de 
los siglos, p. 347). 



Miércoles 25 de junio 
¿Cuándo veremos a Jesús? - 1 

Cristo nos dice cuándo será introducido el día de su reino. No nos dice que todo el 
mundo será convertido, sino que "será predicado este evangelio del reino en todo el 
mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin" (S. Mateo 
24:14). Al dar el evangelio al mundo, tenemos la posibilidad de apresurar la venida del 
día de Dios. Si la iglesia de Cristo hubiera llevado a cabo la obra señalada tal como el 
Señor lo mandó, todo el mundo ya hubiera sido amonestado y el Señor Jesús hubiera 
venido a la tierra en poder y gran gloria. 

Gran poder debe asistir al mensaje de la segunda aparición de Cristo. No debemos 
descansar hasta ver muchas almas convertidas a la bendita esperanza del regreso del 
Señor. En los días de los apóstoles el mensaje que ellos llevaron produjo una verdade- 
ra obra, convirtiendo las almas de los ídolos para servir al Dios viviente. La obra que 
tenemos que realizar hoy es igualmente real, y la verdad es igualmente verdadera; sólo 
que ahora debemos dar el mensaje con mucho más fervor ya que la venida del Señor 
está más cerca... El mensaje para este tiempo es positivo, sencillo y de la más profun- 
da importancia. Debemos obrar como hombres y mujeres que lo creemos. Esperar, vi- 
gilar, trabajar, orar, amonestar al mundo: he aquí nuestra obra {La maravillosa gracia 
de Dios, p. 353). 

Todo el que ha recibido a Cristo está llamado a trabajar por la salvación de sus próji- 
mos. "Y el Espíritu, y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga. Ven" (Apocalipsis 
22:1 7). A toda la iglesia incumbe el deber de dar esta invitación. Todo el que la ha oído 
ha de hacer repercutir este mensaje por valles y montes: "Ven"... 

Es un fatal error suponer que la obra de salvar almas depende solamente del ministe- 
rio. El humilde y consagrado creyente a quien el Señor de la viña le ha dado preocupa- 
ción por las almas, debe ser animado por los hombres a quienes Dios ha confiado ma- 
yores responsabilidades... 

Cientos, sí, miles que han oído el mensaje de salvación están todavía ociosos en la 
plaza, cuando podrían estar empleados en algún ramo de servicio activo. A los tales 
Cristo les dice: "¿Porqué estáis aquí todo el día ociosos?" y añade: "Id también voso- 
tros a mi viña" (IVIateo 20:6, 7)... 



Largo tiempo ha esperado Dios que el espíritu de servicio se posesionara de la iglesia 
entera, de suerte que cada miembro trabajase por él según su capacidad. Cuando los 
miembros de la iglesia efectúen su labor señalada en los campos menesterosos de su 
país y del extranjero, en cumplimiento de la comisión evangélica, pronto será amones- 
tado el mundo entero, y el Señor Jesús volverá a la tierra con poder y grande gloria (La 
fe por la cual vivo, p. 310). 



El IVIaestro nos ha empleado como sus siervos y debemos ser obreros vigilantes hasta 
que él vuelva por segunda vez a la tierra. Debemos esperar su venida y trabajar diligen- 
temente para preparar el camino del Señor. No se nos pide solamente esperar: debe- 
mos esperar, velar, orar y trabajar. Esta combinación de actividades nos muestras co- 
mo verdaderos cristianos. A los que están esperando ociosamente. Cristo les dice: 
"¿por qué estáis aquí todo el día desocupados?" Hay que actuar "entre tanto que el día 
dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar" (Review and Herald, 2 de febrero, 
1897). 

Se me presentó otro grupo que contrastaba con el que acabo de describir. Éstos esta- 
ban esperando y velando. Sus ojos se dirigían al cielo, y las palabras de su IVIaestro 
brotaban de sus labios: "Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad" (IVIarcos 
13:37). "Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el Señor de la casa; si al ano- 
checer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana; para que cuando venga 
de repente, no os halle durmiendo" (Marcos 13:35, 36). El Señor sugiere que habrá una 
demora antes que finalmente amanezca. Pero no quiere que den lugar a la fatiga, ni 
que disminuya la intensidad de su ferviente vigilancia, porque la mañana no llega tan 
pronto como la habían esperado. Se me presentó a los que esperaban con la mirada di- 
rigida hacia lo alto. Se animaban mutuamente al repetir estas palabras: "Ya pasaron la 
primera y la segunda vigilias. Estamos en la tercera vigilia, esperando el regreso del 
Maestro, y velando. Lo que nos queda de esta vigilia es muy poco ya". Vi que algunos 
se cansaban; tenían la mirada dirigida hacia abajo; estaban absortos por las cosas te- 
rrenales y no eran fieles a su vigilia. Decían: "Esperamos que el Maestro viniera en la 
primera vigilia, pero sufrimos una desilusión. Estábamos seguros de que vendría en la 
segunda, pero ésta pasó, y no vino. De nuevo podemos sufrir un chasco. No es nece- 
sario que seamos tan estrictos. Es posible que no venga tampoco en la siguiente vigilia. 
Estamos en la tercera vigilia, y creemos que es mejor que depositemos nuestro tesoro 
en la tierra, para estar seguros de que no vamos a pasar necesidad". Muchos están 
durmiendo, adormilados por los cuidados de esta vida, y seducidos por el engaño de 
las riquezas para abandonar su actitud de espera y vigilancia. 

Se me presentaron algunos ángeles que velaban con intenso interés mientras observa- 
ban el aspecto de los cansados pero fieles vigilantes, a fin de que la prueba no fuera 
demasiado dura, y no desfallecieran por causa del esfuerzo y las dificultades duplica- 
das por el hecho de que sus hermanos habían dejado de velar y se habían embriagado 
con los cuidados mundanales y estaban engañados por la prosperidad terrenal. Estos 
ángeles celestiales se sentían apenados por causa de los que una vez estuvieron ve- 
lando y que ahora, por su indolencia e infidelidad, aumentaban las pruebas y preocupa- 



ciones de los que con fervor y perseverancia estaban tratando de mantener su actitud 
de espera y vigilancia. 

Se me presentaron algunos ángeles que velaban con intenso interés mientras observa- 
ban el aspecto de los cansados pero fieles vigilantes, a fin de que la prueba no fuera 
demasiado dura, y no desfallecieran por causa del esfuerzo y las dificultades duplica- 
das por el hecho de que sus hermanos habían dejado de velar y se habían embriagado 
con los cuidados mundanales y estaban engañados por la prosperidad terrenal. Estos 
ángeles celestiales se sentían apenados por causa de los que una vez estuvieron ve- 
lando y que ahora, por su indolencia e infidelidad, aumentaban las pruebas y preocupa- 
ciones de los que con fervor y perseverancia estaban tratando de mantener su actitud 
de espera y vigilancia (Testimonios para la iglesia, tomo 2, pp. 174, 175) 

No transcurrirá mucho tiempo antes que veamos a Aquel en quien ciframos nuestras 
esperanzas de vida eterna. Y en su presencia todas las pruebas y los sufrimientos de 
esta vida serán como nada. "No perdáis pues vuestra confianza que tiene grande re- 
muneración de galardón: porque la paciencia os es necesaria; para que, habiendo 
hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Porque aun un poquito, y el que ha 
de venir vendrá, y no tardará" (Hebreos 10:35-37). Alzad los ojos, sí, alzad los ojos y 
permitid que vuestra fe aumente de continuo. Dejad que esta fe os guíe a lo largo de la 
senda estrecha que, pasando por las puertas de la ciudad de Dios, nos lleva al gran 
más allá, al amplio e ilimitado futuro de gloria destinado a los redimidos. "Pues, herma- 
nos, tened paciencia hasta la venida del Señor. IVIirad cómo el labrador espera el pre- 
cioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia, hasta que reciba la lluvia temprana y 
tardía. Tened también vosotros paciencia; confirmad vuestros corazones: porque la ve- 
nida del Señor se acerca" (Santiago 5:7, 8) (Joyas de los testimonios, tomo 3, p. 
434).